Cómo mejorar nuestras habilidades

El tener habilidades sociales nos aporta cosas muy positivas a nuestra vida en diferentes campos de la misma, las habilidades sociales resuelven y minimizan problemas. Están orientadas a un objetivo. Estos objetivos pueden ser de varios tipos:

a) Objetivos materiales, por ejemplo, conseguir que nos suban el sueldo.

b) Objetivos de mantener o mejorar la relación, como puede ser no tener ningún conflicto con el jefe.

c) Objetivo de mantener la autoestima, por ejemplo, no sentirnos inferiores si no nos conceden  el aumento, ni criticarnos por ello.

10 Consejos útiles para mejorar nuestras dotes comunicativas

• Al iniciar una conversación: naturalidad, interés y empatía.
• Al mantener una conversación: ser activos, escuchar y relax.
• Al pedir favores, desprendernos del temor.
• Al rehusar peticiones: demos explicaciones.
• Al responder a las críticas: raciocinio y ponderación.
• Al aceptar o rechazar a otras personas: firmeza.
• Al admitir el desconocimiento: no hay por qué saberlo todo.
• Al reconocer nuestros errores: elegancia y humildad.
• Al recibir cumplidos: serenidad.
• Para finalizar una conversación: directo al grano.

Las habilidades sociales son una serie de conductas y gestos que expresan sentimientos, actitudes, deseos y derechos del individuo, siempre de una manera adecuada y de modo que resuelven satisfactoriamente los problemas con los demás.

Algunos afortunados tienen estas habilidades sociales de forma natural, casi innata, y las aplican cotidianamente sin esfuerzo alguno. Pero ello no nos debe desanimar, porque la capacidad de relacionarse con los demás es susceptible de ser aprendida y, por tanto, de ser mejorada.

Nos ayudarán a la hora de conseguir un empleo, de relacionarnos con nuestros jefes y compañeros de trabajo y de convencer de nuestras posturas o planteamientos.

Las personas con buenas habilidades sociales, tienen más alta probabilidad tanto de conseguir sus objetivos como de mantener una buena relación con los demás, hecho que aumenta el sentimiento de autoeficacia.

Por tanto, es realmente posible trabajar en una serie de técnicas cuyo resultado final es aprender un comportamiento que nos permita desarrollar nuestras habilidades para comunicarnos de manera más eficaz.


· El lenguaje no verbal juega un papel muy importante

Comencemos por la expresión de la cara. El rostro expresa las seis emociones fundamentales: miedo, rabia, desprecio, alegría, tristeza y sorpresa.

La mirada. Mirar a los ojos o a la zona superior de la cara ayuda a establecer el contacto y dependiendo de cómo sean esas miradas se expresan las emociones: se considera más cercanas a las personas que miran más a su interlocutor, pero no si es de forma fija y dominante. Y mirar poco puede ser signo de timidez. La mirada acompaña a la conversación: si miramos cuando escuchamos animamos a la otra persona a comunicarse. En cambio, mirar a los ojos cuando hablamos convierte nuestro discurso en más convincente.

La sonrisa casi siempre denota cercanía, suaviza tensiones y facilita la comunicación. Pero si el gesto sonriente expresa ironía o escepticismo puede manifestar rechazo, indiferencia o incredulidad.

La postura corporal. Los gestos del cuerpo expresan cómo se siente interiormente la persona según sea su manera de sentarse, de caminar... Se pueden trasmitir escepticismo (encogiéndose de hombros), agresividad (apretando los puños), indiferencia (sentándonos casi tumbados cuando alguien nos habla). La distancia física entre personas que se comunican también indica la proximidad emocional entre esos individuos. Dos cuerpos cercanos expresan proximidad afectiva. Volver la espalda o mirar hacia otro lado es una manifestación de rechazo o desagrado. Un cuerpo contraído expresa decaimiento y falta de confianza en uno mismo; y un cuerpo expandido, todo lo contrario. Los gestos. Los que se producen con las manos y la cabeza acompañan y enfatizan lo que se comunica con la palabra o el silencio.


· La voz acompaña, e influye enormemente, a la palabra

Las mismas palabras con entonación diferente trasmiten sentimientos tan distintos como ironía, ira, excitación, sorpresa o desinterés. Una conversación que se mantiene siempre en el mismo tono resulta monótona y aburrida y suscita poco interés. Se hace oir más, comunica mejor, la persona que juega con las modulaciones de voz a lo largo de su charla. El tono, que tan poco cuidamos normalmente, es a veces tan importante como el propio contenido de nuestras palabras. Un volumen alto de voz expresa seguridad y dominio de la situación, pero cuando se eleva demasiado puede suscitar rechazo y connotar agresividad.

El volumen bajo, por su parte, puede sugerir estados de ánimo como debilidad o falta de confianza en uno mismo pero también confidencialidad y cercanía. La fluidez de la palabra y el ritmo. La utilización de repeticiones, muletillas, frases hechas y de relleno y los titubeos producen impresión de inseguridad, monotonía e incluso desconcierto en quien escucha. Todos estos elementos de conducta relacional son herramientas de nuestra forma de estar en sociedad, y, bien articulados, nos ayudan a relacionarnos de forma más eficiente. Las habilidades sociales son conductas aprendidas y, por tanto, podemos mejorarlas.


· ¿Cómo mejorar nuestras habilidades sociales?

Al iniciar una conversación: naturalidad, interés y empatía.


Debemos procurar:


- Saludar y presentarse uno mismo o una misma, con naturalidad, al menos siempre que no haya alguien que lo haga por nosotros.

- Mirar a los ojos cuando se habla.

- Hacer, procedentemente, algún cumplido sobre la otra persona, sin resultar adulador ni demasiado condescendiente, pero tratando de transmitir la imagen positiva que de esa persona se ve o se conoce.

- Comentar o preguntar sobre la situación común que se está viviendo; que suele ser el motivo del encuentro.

- Realizar algún tipo de pregunta sobre lo que se conoce del interlocutor, sobre el trabajo, o la familia…

Debemos evitar:

- Hablar con ironía o tópicos negativos.

- Pronunciarse de forma ofensiva sobre alguien.

- Ser dogmático en las apreciaciones.

- Arrancar la conversación con comentarios demasiado personales.

- Hablar con voz exageradamente alta o desmesuradamente baja.

- Adoptar posturas corporales incorrectas o poco elegantes.


Al iniciar una conversación: naturalidad, interés y empatía.
Al mantener una conversación: ser activos, escuchar y relax Se trata de que haya un equilibrio entre hablar y escuchar, para que quienes forman parte de la conversación se sientan cómodos y encuentren espacio para participar. Demos señales con palabras o gestos de que se está escuchando, mantengamos el contacto ocular, hablemos sobre algo que esté relacionado con lo que la otra persona comenta; y si se prefiere cambiar de tema, avisemos. No nos excedamos en el habla ni en la escucha. Y demos respuestas evitando los monosílabos: la conversación debe ser equilibrada.

Al pedir favores: desprendernos del temor
Creemos que quienes nos rodean saben lo que queremos o necesitamos en un momento determinado, pero no siempre es así. Por eso conviene transmitir indicios de nuestros deseos y necesidades a las otras personas, y si se da el caso, pedir directamente favores. Tenemos derecho a pedirlos: al otro siempre le queda la libertad para dar o negar. Evitemos el temor a que nos nieguen lo que solicitamos, y a deber favores si nos responden positivamente.

Al rehusar peticiones: demos explicaciones
Si hemos de dar una respuesta negativa, ofrezcamos explicaciones escuetas y razonadas. Y ofrezcamos una alternativa que demuestre que nos hacemos cargo de la inquietud que generó la petición. Estemos prevenidos ante manipulaciones que se dan en estas situaciones, como los halagos ("como eres tan buena persona pensé que me ibas a ayudar"), la crítica ("nunca te volveré a pedir nada") o los sentimientos de culpa ("me dejas hecho polvo"). Aunque comprendamos las razones del demandante, mantengámonos firmes si las nuestras no han variado.

Al responder a las críticas: raciocinio y ponderación
Cuando nos hacen una crítica podemos sentir que nos están atacando. Tendemos a defendernos, ya devolviendo el "ataque", ya justificándonos. Identifiquemos los aspectos objetivos de la crítica y hablemos sobre ellos evitando tanto la defensa sistemática como contraatacar porque sí.

Al aceptar o rechazar a otras personas: firmeza
En nuestras relaciones se dan situaciones paradójicas: aguantamos a quienes nos caen mal y espantamos a quienes más apreciamos. Tanto si queremos evitar una compañía como si deseamos establecer una comunicación y mantenerla, lo haremos con firmeza. Para ello, hay comportamientos de acercamiento (sonreír, sostener la mirada, orientar el cuerpo hacia la otra persona y demostrar con palabras nuestro interés por lo que hace o dice) y de rechazo: digamos y hagamos, educadamente, lo necesario para que la otra persona capte nuestro desinterés, respondamos con monosílabos, miremos a otras personas y despidámonos con cortesía.

Al admitir el desconocimiento: no hay por qué saberlo todo
Es molesto toparse con personas que lo saben todo, que cuando se les va a contar algo contestan invariablemente "sí, ya lo sabía" o "a mí me vas a decir tú". Lo que nos hace grandes y apreciados es reconocer ante los demás que desconocemos lo que nos están contando o que nos parece interesante lo que nos explican porque lo desconocíamos. No sucumbamos a pensamientos como "qué van a pensar si digo que no lo sé" o "yo ya tendría que saber estas cosas", que sólo nos perjudican.

Al reconocer nuestros errores: elegancia y humildad
Todos cometemos errores y es de personas nobles y maduras reconocerlos. Es más, quienes lo hacen bien gozan de prestigio social, ya que ocultar los errores es una muestra de debilidad. Reconozcamos con elegancia y humildad, pero sin permitir que los demás se 'ceben'. Para encajar los errores, evitemos pensamientos negativos como "soy un desastre", o "esto es imperdonable en una persona como yo" o "no sé cómo me puede pasar esto".

Al recibir cumplidos: serenidad
No recurramos a la falsa modestia cuando nos reconocen o agradecen que hemos hecho bien algo. Cuando los cumplidos son sinceros, aceptemos con serenidad y con agrado la intención de valorarnos, pero no devolvamos el cumplido ni minimicemos nuestros méritos. Lo mejor es dar las gracias y hacer comentarios como "la verdad es que me ha costado mucho hacerlo" o "me alegro de que te haya gustado".

Para finalizar una conversación: directo al grano
Cuando deseamos que un encuentro o conversación se acabe, hemos de tener el convencimiento íntimo de que tenemos derecho a elegir y a manifestarnos con claridad, evitando los pensamientos que nos inducen a creer que es de mala educación interrumpir a otra persona, o que se podría ofender. Es suficiente con: "perdone la interrupción, me tengo que marchar".